Sé que estáis leyendo romances con Rafi.Aprovecho para mostraros dos romances preciosos.El primero es anónimo y el segundo es de Luis de Góngora.
Hay una canción "yeyé" que dice: "tres cosas hay en la vida:
salud,dinero y amor. El que tenga estas tres cosas, que le dé gracias a Dios".Pero la libertad es quizás más necesaria que todo lo anterior.
Sin ella no podemos medrar.En el amor (ya lo decía don Quijote)es im-
prescindible.Y cuando la enfermedad nos encarcela, deberíamos ser libres para decidir nuestro destino.
Los dos romances siguientes tienen como protagonistas a dos presos.El primero es un condenado a galeras (un durísimo castigo de los siglos XVI y XVII).Rema sin parar mientras recuerda a su esposa.
El prisionero del romance anónimo sólo tiene contacto con el exterior gracias al canto de una avecilla que le anuncia la llegada de la mañana, pero un ballestero la mata, y desaparece el consuelo.
Amarrado al duro banco
De una galera turquesca,
Ambas manos en el remo
Y ambos ojos en la tierra,
Un forzado de Dragut
En la playa de Marbella
Se quejaba al ronco son
Del remo y de la cadena:
«¡Oh sagrado mar de España,
Famosa playa serena,
Teatro donde se han hecho
Cien mil navales tragedias!,
»Pues eres tú el mismo mar
Que con tus crecientes besas
Las murallas de mi patria,
Coronadas y soberbias,
»Tráeme nuevas de mi esposa,
Y dime si han sido ciertas
Las lágrimas y suspiros
Que me dice por sus letras;
»Porque si es verdad que llora
Mi captiverio en tu arena,
Bien puedes al mar del Sur
Vencer en lucientes perlas.
»Dame ya, sagrado mar,
A mis demandas respuesta,
Que bien puedes, si es verdad
Que las aguas tienen lengua,
»Pero, pues no me respondes,
Sin duda alguna que es muerta,
Aunque no lo debe ser,
Pues que vivo yo en su ausencia.
»¡Pues he vivido diez años
Sin libertad y sin ella,
Siempre al remo condenado
A nadie matarán penas!»
En esto se descubrieron
De la Religión seis velas,
Y el cómitre mandó usar
al forzado de su fuerza.
ROMANCE DEL PRISIONERO
Que por mayo era, por mayo,
cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
si no por una avecilla
que me cantaba el albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.
--------------------------------------------------------------------------------
<